Colour by night

Esta entrada de Marcelo Caballero en “Miradas cómplices” me ha hecho hurgar en mi archivo.

This post by Marcelo Caballero in “Miradas cómplices” made me dig in my archive.

Somewhere in Broadway, the 42nd I think.

San Vito lo Capo, Sicily.

A hot chocolat in front of the Pantheon, Rome.

Teatro Fígaro, Madrid.

Vallecas PAU, Madrid

Cillo, a Palermitan story

En Palermo abundan los perros callejeros, la gente los trata bien. Cillo es uno de ellos, y ayer la señora Mariella, que tiene un puesto en el rastro de Piazza Marina, me contó su historia. Cillo fue abandonado de cachorro en el jardín de la plaza y Umberto lo recogió. Durante años convivieron juntos, el vagabundo y el perro callejero. El año pasado conté en este blog cómo una ambulancia vino a recoger a Umberto, que estaba tirado en el suelo, y un señor de la vecindad se llevó su perro para no dejarlo abandonado por ahí. Umberto se recuperó, pero algunos meses después cayó fulminado por un ictus a la puerta del bar de la plaza donde consolaba sus penas. No se pudo hacer nada y Umberto falleció al día siguiente en el hospital. A Cillo lo recogió una chica joven que trabaja en un restaurante de la plaza, y cuando ella está trabajando Cillo corretea por el jardín o sestea bajo el puesto de la señora Mariella. Lo que es admirable es que toda la plaza se ha hecho cargo en cierta manera de Cillo, le ponen comida y agua a horas fijas, y a Umberto le han dedicado un sobrio recordatorio a modo de lápida fúnebre. Son estas las cosas que te hacen amar Palermo.

In Palermo there are many stray dogs, people care for them. Cillo is one of them, and yesterday Mrs. Mariella, who runs a stall in Piazza Marina flea market, told me his story. As a cub Cillo was abandoned in the garden of the square, and Umberto adopted him. For years both got along together, vagabond and stray dog. Last year I told in this blog how an ambulance came to pick up Umberto who had fallen, and a man of the neighbourhood took away his dog. Umberto recovered but some months later he was striken by an ictus at the door of a bar in piazza where he drowned his sorrows. Nothing could be done and Umberto died at hospital next day. Cillo was adopted then by a girl who works in a restaurant in piazza, and during her working hours Cillo wanders in the garden or has a nap under Mrs. Marielle’s stall. What is amazing is the way all people in Piazza Marina have taken care of Cillo, feeding him at regular hours. Furthermore they have consecrated in the garden a sort of tombstone to Umberto. These are the things that make you love Palermo.