Real vintage

Que a estas alturas la utilización de la vieja película Tri-X constituya una novedad no deja de ser un absurdo. Y sin embargo así es. Nos sentimos deslumbrados por esa rara calidad de unas fotografías intensas, llenas de textura y contraste, un blanco y negro que aumenta la capacidad de concentración del ojo, con un grano que no tiene nada que ver con el molesto ruido de las cámaras digitales. Yo he probado algunos filtros Nik y otros ajustes preestablecidos para Lightroom que tratan de imitar esa rara calidad, pero nada, no tienen nada que ver con el auténtico Tri-X.

Algunos fotógrafos no han abandonado nunca el Tri-X, véanse Ernesto Bazán y Daido Moriyama, por ejemplo, y sus fotografías destacan. ¿Destacan por el uso de esa película, o destacan porque son muy buenas fotografías? Es una buena cuestión que es oportuno plantearse, y cada uno tendrá su respuesta.

Estas dos fotos han sido recientemente sacadas con una cámara compacta Contax T2 que cargué con un Tri-X Kodak. El lugar es la antigua fábrica de Tabacalera en Lavapiés, Madrid.

Using the old Tri-X film as a newness it’s an absurd at this time of the game. However, it is so. We feel dazzled by that rare quality of intense photographies, full of textures and contrast, a black and white that increases the capacity of concentration, with a grain that has nothing to do with the annoying noise of digital cameras. I’ve experienced some Nik filters and other Lightroom presets which try to copy that rare quality but they can’t compete with the real Tri-X.

Some photographers have never abandoned the Tri-X, see Ernesto Bazán and Daido Moriyama for instance, and their photos stand out. Do the photos stand out because of the film, or because they are excelent pictures? This is a good and wise question, everyone will have to answer.

These two pictures have been shot with a Contax T2 compact camera loaded with a Kodak Tri-X. Place is the old tobacco factory in Lavapiés, Madrid.

Back to glorious Tri-X

Cuando estuve en Palermo tuve que comprar una cámara analógica barata, por miedo a que me robaran el equipo Leica. El caso es que tardó un mes en llegar desde Hong Kong, así que sólo me dio tiempo a tirar un carrete Tri-X. Una vez de vuelta en Madrid comprobé lo carísimo que resulta el procesado en blanco y negro, sobre todo si se fuerzan los ISOs, lo que me obligó a hacer el revelado en casa y luego digitalizar en baja resolución para poder visualizar las fotos. Hacía tantísimos años que no revelaba que, claro, me lié con los tiempos y el carrete quedó muy sobrexpuesto, prácticamente inservible. Pero lo que sí pude constatar fue la fascinación por esa película tan estupenda, ese grano, la poca nitidez, el alto contraste, cosas que no se pueden imitar con programas digitales por muy buenos que sean. Esto es lo que pude salvar de los restos del naufragio:

When in Palermo I had to buy a cheap film camera by fear of the Leica gear being robbed. It took a month to arrive from Hong Kong, so I could shoot only one Tri-X film. Once back in Madrid I learned how terribly expensive is to process black and white nowadays, specially if you have pushed the ISOs, so I decided to develop the film at home and digitize after in low-res to visualize the photos. I hadn’t process a film in ages, I got wrong with D-76 times and dilution, and the film went overexposed. But what I could realize was the extraordinary fascination for the Tri-X, the real grain -not the noise- the scarce sharpness, the high contrast, all things you cannot fake with digital applications. The photos below are the few I could save from the wreck.