Streets, those places where things happen

Las calles africanas. Esos sitios donde pasan cosas de todo tipo. Un animado juego de pingpong enmedio de una plaza en Lalibela, al norte de Etiopía. Una pareja ligando enmedio del bullicio del mercado de Key Afer, centro de las tribus del sur. Observad el atildado atuendo del muchacho, que va hecho un pincel. Luego hablan de la coquetería femenina …

African streets. Those places where things of all sort happen. A lively ping-pong game in the midst of a roundabout in Lalibela, north of Ethiopia. A young couple flirting in the midst of Key Afer weekly market, meeting point of the southern tribes. Notice the stylish attire of the boy.

Night ghosts

La noche africana. La primera vez que viajé al Africa negra aterrizaba en Senegal procedente de Ginebra, donde vivía, para un rápido viaje de trabajo. Era de noche y todos dormíamos, recogimos obedientemente nuestras cosas y enfilamos el pasillo del avión, yo la primera. Abrieron la puerta y de repente una enorme bocanada de aire me envolvió, caliente, oscura, llena de olores intensos, prometedora de sensaciones sin fin, el olor de la noche africana. Nunca había sentido una cosa igual.

The African night. First time I travelled to Africa I landed in Senegal coming from Geneva, where I lived. It was a night flight and we slept, so we took our bags and lined up through the aisle, me the first one. The steward opened the door and suddenly a huge breath of air wrapped me, warm, dark, full of intense smells, promise of endless emotions, the scent of African night. I had never felt such a feeling.

Fantasmas en la noche. Recuerdo como si fuera ayer mi segunda impresión de la noche africana. Había aterrizado en Nairobi procedente de Madrid cuando vi anunciado un vuelo a Entebbe, en Uganda, y siguiendo un impulso algo irracional cogí ese vuelo. El aeropuerto de Entebbe dista 40 km. de Kampala, la capital, así que no había más remedio que coger taxi. Era noche cerrada, y al poco de enfilar la carretera me percaté de unas sombras que se movían a ambos lados del camino. Rato después vi que las sombras se convertían en gente andando, muchas personas que surgían y se desvanecían en la oscuridad a medida que el taxi avanzaba. Esa visión fantasmagórica me impresionó hondamente. Después, en otros viajes a Africa, ya me acostumbré a la vista de gente que se desplaza andando al lado de las carreteras. Pero estas dos primeras sensaciones de la noche africana no me han abandonado jamás.

Ghosts in the night. I remember as if it were yesterday my second impression of the African night. I had landed in Nairobi coming from Madrid when I saw in the panels a flight to Entebbe, Uganda, and following a sudden boost I took that flight. Kampala is at a distance of 40 km. from Entebbe airport so I was forced to take a taxi. There was no moon, the night was pitch black and I begun to notice shadows moving along the road. After a while I saw that the shadows turned into walking people, lots of people emerging silently along both sides of the dark road, and that ghostly vision deeply impressed me. Afterwards, on other travels to Africa I got used to the vision of people moving along the roads. But I haven’t been abandoned by these first impressions of the African night.

To the English-speaking visitors of the blog, I apologize for my poor writing!

African markets

Dicen que la quintaesencia de un pueblo está en sus mercados, y es verdad. Los mercados africanos son pobres en mercancías pero riquísimos en todo lo demás: en sensaciones, olores, colores, en humanidad, ajetreo, multitudes, en “el alegre desorden de la vida africana”, como dice Sergi Ramis en su maravilloso libro “Mercados africanos”, publicado por Altair en 2002. Vale la pena comprar el libro aunque sólo fuera por la maravillosa introducción de Ramis, donde en dos páginas consigue ponernos ante los ojos todo ese maravilloso mundo.

They say that the soul of a nation lives in its markets. African markets are poor in merchandises but extremely riches in everything else – sensations, smells, colours, in people, hustle and bustle, in “the happy disorder of African live”, as stated by Sergi Ramis in his wonderful book “Mercados Africanos”, published in Barcelona by Altair Ed. in 2002. It is worth to buy the book not only by its photos but also by the marvellous Introduction, two pages in which Ramis displays the marvellous world of the African markets.

Estas fotos fueron tomadas en Etiopía en el mes de septiembre, en distintos mercados. Las dos primeras en Gondar, al norte del país. Gondar es una población agradable cuyo único mérito es tener un gran castillo de estilo medieval europeo. Ibamos nosotras un poco aburridas cuando nos topamos con un mercado semanal de cabras, pequeño y modesto, que se desplegaba en un par de calles. Los tratantes estaban tan sorprendidos de ver a dos mujeres blancas fotografiando cabras que ni siquiera reaccionaban.

These pictures were taken in Ethiopia during September, iin different markets. The first two in Gondar, north of the country. Gondar is a pleasant town which only attraction is a huge medioeval style castle. We were wandering with a point of boredom when we discovered a weekly goat market, tiny and modest, which displayed in a couple of streets. Traders were so stupefied in seeing two white women shooting the goats that they didn’t react.

Las dos últimas fotos son del mercado de carne de Harar, ciudad amurallada de mayoría islamista al este del país. Es ésta una ciudad muy alabada por el turismo occidental por ser “diferente” del resto de Etiopía. Efectivamente, es diferente en su concepción urbanística de abigarradas callejuelas y en que tiene muchas mezquitas, pero por lo demás no difiere mucho del resto del país.

The last two pictures were shot in the meat market of Harar, a walled town of islamic culture. This town has been highly praised by the western tourism because it’s “different” from the rest. Actually Harar is different in its urban conception of jumbled alleys and also because there are many mosques, but apart from that it is not so different from the rest of Ethiopia.

Kids II

No todos los niños etíopes tienen la suerte, dentro de su desgracia, de estar bien alimentados, limpios, cuidados y con una educación como los niños “mingi” de Omo Child. La mayoría viven como la niña de la primera foto, tomada en Lalibella. Fueron muy amables conmigo, no solamente no pidieron dinero sino que me invitaron a pasar dentro de su casa.  Así que entré. No pude fotografiar el interior porque estaba casi completamente a oscuras, pero aun con luz no habría sido capaz. Literalmente se me encogió el corazón, tal era la miseria de la habitación.

Not all Ethiopian children have the luck of being well nurtured, clean, with shoes and an education as the “mingi” children are in the Omo Child Foundation. Most of them live like the girl of the first photo, shot in Lalibella. They were very nice to me, not only they didn’t ask for money but they invited me into their house. So I came in. I couldn’t shoot the interior because it was almost totally at dark, but even with light I couldn’t have been able to. Literally my heart sunk, such was the squalor of the only room.

Kids

Niños, muchos niños por todas partes, Africa tiene una vitalidad increíble en cuestión de natalidad. Lo necesitan para superar la gran tasa de mortalidad infantil. En 2012 murieron en Etiopía 75 bebés menores de un año de cada 1.000, en Noruega ese mismo año sólo murieron 3 bebés de cada 1.000 … A medida que van creciendo también mueren, aunque algo menos, así que puede decirse que los adolescentes africanos tienen mucha suerte, y efectivamente son fuertes y guapos, fruto de la selección natural.

Children, lots of children everywhere. Africa has got an unbelievable vitality regarding the birth rate. They need it to overcome the huge infant mortality rate. In Ethiopia 75 babies out of 1,000 died in 2012 before their first birthday. In Norway that same year only 3 out 1,000 babies died … When they grow up they also die, although the rate is a bit lower, so you can say that African teenagers are very lucky, and actually they are strong and handsome, a consequence of the natural selection – the best suited will survive.

En general los niños africanos lloran poco. Cuando son bebés y tienen hambre se agarran a la teta de la madre con gran soltura, y cuando se destetan porque ha llegado un hermanito aprenden a controlar el hambre y las dificultades. He viajado en incontables autobuses y matatus donde se apretujan hasta reventar niños, adultos y animales varios, niños pequeños que aguantan horas de viaje de pie en el pasillo, sin rechistar, sin agua, sin comida, sin consuelo.

In general, African children cry rarely. While they are still toddlers and are hungry they grab their mom’s teats with great skill. When they are not breastfed anymore because a new sibling has arrived, they learn to control their hunger and to overcome obstacles. I’ve travelled in countless buses and matatus where children, adults and animals squeeze, small children standing on foot in the aisle for hours without complaints, without water, without food, without comfort.

Se divierten como todos los niños, con lo que tienen a mano. En España tienen a mano el televisor y la consola, en Etiopía una rueda y un palo bastan para pasarlo bien, o una pelota. En los pueblos persiguen a los blancos en espera de que les caiga algo, en las ciudades sólo nos miran con envidia, tenemos cosas a las que ellos no pueden aspirar.

They have fun the same way all children over the world have, with what they have at hand. In Spain children have got TV sets and games console, in Ethiopia a wheel and stick, or a ball, are enough to have fun. In the villages they chase the white “faranji” waiting to get something, in the cities they only look at us with envy, we have things they never won’t have.

La última foto me resulta particularmente emocionante. La tomé en la residencia de la Omo Child Foundation, una ONG con sede en Jinka, el centro administrativo del Valle del Omo, al sur de Etiopía. En las tribus Hamer y Karo existe la superstición de que ciertos niños están malditos, son “mingi” y hay que matarlos para ahuyentar la mala suerte. Las razones son variopintas: porque hayan nacido fuera del matrimonio, o porque no les crezcan bien los dientes de leche, o por lo que sea.

The last picture moves me deeply. I shot it in the house of Omo Child Foundation, an NGO based in Jinka, the administrative capital of Omo Valley, South Ethiopia. In Hamer and Karo tribes people believe evil spirits or a curse will bring ill fortune (drought, famine, disease and death) to their villages if “Mingi” children are not killed. A child can be declared Mingi for several reasons – if they are born out of wedlock, or if they have some imperfection in their baby teeth. Being declared Mingi almost always means death of the child. The tribe will leave the child alone in the bush without food and water or will drown the child in the river.

Esta ONG fue fundada hace unos 12 años por un joven karo, Lale Labuko, que de adolescente descubrió horrorizado la desaparición de un bebé. Más tarde se enteró que había tenido dos hermanitas “mingi” que habían sido asesinadas. El inició la Fundación con la ayuda de John Rowe, reputado fotógrafo.

The NGO was found some 12 years ago by a young Karo boy, Lale Labuko, who discovered with horror the disappearence of a bay in his village. Later on he found out two of her sisters had been killed because mingi curse. Helped by the reputed photographer John Rowe he established the foundation.

Yo descubrí Omo Child hace aproximadamente un año, de casualidad. Buscaba fotografías de Steve McCurry y me salió este vídeo, de ahí salté a la página de John Rowe, y de ahí al sitio de la fundación. La historia me pareció tan brutal que inmediatamente me suscribí a una aportación mensual, cosa que invito a hacer a todos.

I discovered Omo Child a year ago by chance. I was looking for Steve McCurry photos and this video emerged. From there I jumped to John Rowe site and from there to the Foundation site. The story was so brutal that I inmediatelhy became a regular contributor, which I invite you all to do.

Así que la primera cosa que hicimos al llegar al Valle del Omo fue visitar la casa de los niños en Jinka. Actualmente la residencia alberga 37 niños que reciben cuidados y una educación, desde luego en mucho mejores condiciones que en sus poblados de origen. Los más pequeños dan clases allí mismo, los mayores acuden a una escuela de Jinka, y en el futuro esperan mandarlos todos a la Universidad.

So the first thing once we arrived to Omo Valley was to visit the children house in Jinka. By now the nursing home shelters 37 children who are being care and receive an education in much better conditions than in their origin villages. Smaller children receive education in the house, the elder ones attend school in Jinka, and in the future they will go to college.